El disco inicia con el estilo muy peculiar, mezcla de teatro y pop que ha venido desarrollando Fito Paez en los últimos años.
Desde el principio, con la canción que da nombre a la placa, se siente
el estilo propio del cantautor, que se sigue reinventando.
Definitivamente estamos hablando de su mejor álbum desde “Abre Paez”.
Fito Paez
El Mundo Cabe en una Canción
Sony BMG (2006)
Quedan en él reminiscencias de la Argentina que lo influenció a fines de los años setenta (menciona a “la máquina de hacer pájaros” y “la sangre que se derramaba en el ‘76”). Evidencia también su pasión por la parafernalia pop y por el cine en “Rollinga O Miranda Girl”, donde cita a Kim Novak en Vértigo, MC Queen en Papillón, a la Bardot, Marylin y hasta la Victoria Abril inmortalizada por Almodóvar, con un ritmo de rock and roll que tiene mucho parecido con aquel que nos hizo vibrar en “Es sólo una cuestión de actitud” del “Abre Paez”.
Mundo pop que se vuelve a ver reflejado en “Sargent Maravilla”, personaje que remite instantáneamente al célebre disco de los Beatles, más musical que lírico, pues la letra ubica al personaje principal en el Perú, convirtiéndolo en un conocido pub homónimo, conocido por su ambiente de fulgor excesivo donde, como dice la letra, “Sargent sólo te acepta si amanecés”.
La melancolía, como solamente Fito Paez sabe expresarla, la encontramos en canciones como “Entrance” y “Te aliviará” (¡Qué droga dura es la soledad!), dando la única solución que tenemos quienes amamos la música “…pero cuando el pecho aprieta a más no poder: canta, canta. Hace bien. Yo sé que te aliviará…” Y la repetición del alivio al infinito.
Y quizá allí radica uno de los elementos más maravillosos y problemáticos de esta producción: cada canción es tan encantadora que debería durar para siempre, lo que nos hace presentir que el siguiente paso para Fito es ofrecernos un álbum conceptual, donde no haya cabida para el silencio, sino que nos arrulle con ese dulce para el alma de principio a fin, de la forma como sólo él sabe hacerlo. Haciéndonos comprender que el mundo entero con todas sus sensaciones, pena, alegría, amor y locura caben en una canción.
El único tema que encontramos fuera de lugar es “Fue por amor”, que parece una de las pistas del tiempo de Circo Beat, cuando estaba buscando su identidad como artista. Pero, para equilibrar las cosas, le sigue “Eso que llevas allí”, oda al optimismo y luego “Intermezzo”, instrumental como para cerrar los ojos y dejarse llevar.
La agresividad no deja de estar presente con la canción “La hora del destino”, pero bastante más trabajada, muy lejana al resentimiento sin límites que escuchamos en “Ciudad de pobres corazones”.
Pero quizás la canción más representativa es “La casa en las estrellas”, que viene a ser una síntesis que captura el espíritu del disco.
No asombra que el álbum termine con canción “Caminando por Rosario”, su tierra natal y testigo de sus muchas tragedias y alegrías (desde la muerte de sus padres hasta el nacimiento de sus hijos). En este caso nos describe Rosario desde que andaba sus calles en el vientre de su madre.
Haciendo un recuento, después de escuchar tantas veces el disco concordamos con Fito en que “Lo importante no es llegar. Lo importante es el camino”.